Los “bebés carnívoros” que mastican costillas antes que papillas: la tendencia que divide a pediatras y padres

Los “bebés carnívoros” que mastican costillas antes que papillas: la tendencia que divide a pediatras y padres

Cuando la pequeña Schizandra, hija de Dariya Quenneville, cumplió seis meses y llegó el momento de probar sólidos, no hubo puré de manzana ni papilla de plátano. En su lugar: yema de huevo cruda y puré de hígado de pollo. Más tarde llegaron sardinas, mantequilla y hasta helados de caldo de huesos. Una dieta bastante inusual para un bebé, que poco a poco está formando parte de un fenómeno creciente: “bebés carnívoros”.

Una tendencia en auge. En un reportaje para The Wall Street Journal, cada vez más madres documentan cómo sus bebés chupan médula ósea o muerden costillas, inspiradas por médicos e influencers que promueven la dieta carnívora en canales de YouTube con cientos de miles de seguidores. En grupos de Facebook con nombres como Carnivore Motherhood, se comparten consejos sobre cómo preparar “paletas” de caldo de huesos o servir lengua y corazón de res a los más pequeños.

Para Quenneville, que vive en Ontario y enseña técnicas de supervivencia, alimentar así a su hija tiene sentido: “Creo que la grasa de la mantequilla y la carne ayuda a mi bebé a dormir mejor”. Otra madre, Lorraine Bonkowski, dietista de Michigan, empezó siendo escéptica, pero tras ver horas de vídeos en internet acabó convencida. Hoy da a su hija adoptiva Isabella caldo de hueso en biberón y la deja roer chuletas de cordero. “Si tiene sentido para los adultos, ¿por qué no para los niños?”, se pregunta.

En Tennessee, la enfermera Neisha Salas-Berry y su marido, el médico Ken Berry, son una pareja influyente en este movimiento. Ella asegura que sus hijos Bonnie y Beckett aprendieron desde bebés que “primero la carne, antes que cualquier otra cosa”. En viajes familiares, los pequeños comen chicharrones a los que Beckett llamaba “galletas” y barras carnívoras que cuestan 95 dólares la caja. “Mi hija las llama dulce de carne”, contó a WSJ.

Los expertos tienen algo que decir. La introducción de la carne en la alimentación infantil no es, en sí misma, una excentricidad. Tanto la Academia Americana de Pediatría como la Organización Mundial de la Salud lo dejan claro: a partir de los seis meses, los bebés deben incorporar alimentos ricos en hierro y zinc. La carne, por su aporte natural de ambos minerales, se convierte en una de las principales aliadas en esta etapa.

No obstante, como ha advertido el pediatra Mark Corkins, de la Universidad de Tennessee, en declaraciones a WSJ: “Los bebés necesitan vitamina C y fibra para un desarrollo adecuado del tejido conectivo y del microbioma intestinal, nutrientes que brillan por su ausencia en dietas carnívoras estrictas”.

Una gran preparación detrás. En el plano práctico, según Healthline, la carne debe cocinarse mucho —nunca cruda ni poco hecha— y deben evitarse embutidos, salchichas o beicon por su exceso de aditivos. La carne aporta no solo hierro hemo —el más fácil de absorber— sino también proteínas de alta calidad, vitamina B12 y zinc, todos cruciales para el crecimiento.

El portal especializado Solid Starts, dedicado a la alimentación infantil, incluso ofrece guías detalladas para servir costillas o filetes a bebés: desde usar los huesos como mordederas a los seis meses hasta ofrecer tiras de carne bien cocida como parte del baby-led weaning. Eso sí, siempre eliminando trozos sueltos de grasa o cartílago y bajo estricta supervisión por el riesgo de atragantamiento.

La otra opción, totalmente opuesta. Si bien la carne puede ser un aliado nutricional, hay familias que optan por lo contrario. El vegetarianismo y el veganismo son tendencias en auge también en la crianza, según recogía ElDiario.es. El documento añade que estas dietas requieren especial cuidado para evitar déficits de energía y nutrientes.

Como explicaba El País, hasta los seis meses la alimentación es idéntica para todos los bebés: leche materna o de fórmula. En el caso de familias veganas existen fórmulas infantiles reguladas a base de soja o arroz, pero nunca deben sustituirse por bebidas vegetales comerciales, que no aportan los nutrientes necesarios. A partir de los seis meses, la proteína proviene de legumbres, frutos secos y semillas —siempre triturados o en crema—, así como de derivados de la soja como tofu o tempeh. Eso sí, todos los especialistas coinciden en un punto: los bebés veganos deben recibir un suplemento de vitamina B12 desde la introducción de sólidos.

Ni tanto, ni tan calvo. Entre la chuleta como alimento casi exclusivo y la dieta estrictamente vegana, la mayoría de expertos recomienda un camino intermedio: variedad y equilibrio. El profesor Steven Abrams, de la Facultad de Medicina Dell de la Universidad de Texas, recordaba en el Wall Street Journal que la carne es valiosa porque aporta hierro y zinc en una forma fácilmente absorbible, pero insistía en que los niños pequeños necesitan también fibra, antioxidantes y polifenoles que solo están en frutas y verduras. “Las dietas restrictivas en niños pequeños no son el camino a seguir”, advertía.

En España, la moda aún no ha llegado, pero la práctica está bien asentada: a partir de los seis meses, los bebés empiezan a probar las carnes blancas en pequeñas cantidades, siempre junto a verduras, según la Asociación Española de Pediatría. La tradición mediterránea refuerza la idea: la carne no como plato principal, sino en porciones pequeñas, a modo de guarnición, y acompañada de cereales, verduras y frutas.

El debate está servido. Entre bebés que mordisquean huesos de cordero y otros que empiezan con puré de lentejas, la alimentación infantil se ha convertido en un campo de debate cultural, científico y hasta ideológico. Mientras unos padres reivindican el chuletón como “biológicamente apropiado”, otros planifican dietas veganas con suplementos y tablas de nutrientes. Lo cierto es que, como concluyen las guías oficiales tanto en EE. UU. como en España, lo fundamental no es que el primer bocado sea carne o zanahoria, sino que el niño reciba una dieta variada, segura y adaptada a sus necesidades de crecimiento.

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Los “bebés carnívoros” que mastican costillas antes que papillas: la tendencia que divide a pediatras y padres

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por
Alba Otero

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